La arte románico es esencialmente simbólico, no busca la belleza formal o temporal per se, sino crear un universo de imágenes que acerque a los cristianos a su ideal de divinidad. De este modo, todo lo creado constituye una manifestación de Dios, Dios se rebela al hombre a través de su obra; pero de todo lo creado lo más perfecto es el hombre, pues Dios lo hizo a su imagen y semejanza. En este sentido, el hombre es la imagen reducida de todo el cosmos; es, en definitiva, un microcosmos. Esta idea viene plenamente cuando san Alberto Magno escribe que el hombre es todas las cosas.
La decoración escultórica y pictórica refuerzan el simbolismo del templo románico (Cristo en majestad, Todopoderoso, Señor del Tiempo y Juez Supremo, rodeado de los cuatro vivientes apocalípticos, imagen de los cuatro evangelistas, símbolo de las tribus de Israel y de los cuatro puntos cardinales )
La imagen románica se desarrolla sobre esquemas simbólicos , produciéndose en la representación de los objetos un " proceso de expoliación de la realidad ", de todo lo que es tangible, terrenal y por tanto caduco . De aquí se derivan las siguientes características :
Adaptación al marco arquitectónico ( ley de adaptación al marco )
Ritmos ornamentales subyacentes ( metamorfosis )
Horror vacui
Antinaturalismo ( perspectivas jerárquicas, estilización de las figuras, etc. )
Rigidez, frontalidad y estilización
Composición basada estructuración por zonas, predominio de la geometrización y gusto por la simetría
Escasa libertad creativa
Carácter simbólico
|